6/23/2009

Carta a un amigo anulador

En respuesta a ESTE POST , obra de un buen amigo.


Amiguito:

Me temo que, con toda tu estadística sacada de la manga, no logras argumentar algo congruente. Puedo estar -y estoy- de acuerdo con que los partidos que conforman nuestro panorama político son claramente ineficientes, terriblemente corruptos y absolutamente prescindibles. De eso, a casi ningún votante independiente le queda la menor duda. Sin embargo, en toda tu disertación te olvidas de algo muy importante, y esto es el rehilete de partidos oportunistas que acompañan a las mayorías de PRI, PAN y PRD en el Horripilante Congreso de la Unión.

Pero déjame enumerarte mis retaliaciones, una por una:

1) El voto blanco, de entrada, es carta abierta para que los funcionarios de casilla hagan de él lo que les venga en gana. Así que anular o votar por Mickey Mouse es, de calle, mejor opción.

2) A la estructura de poder que “gobierna” México, le importa un pito la democracia y la representatividad. Prueba de ello es que más del 90% de los diputados uninominales no tiene ningún tipo de vínculo con el distrito que representan, más allá de -cuando se requiere- un acta de nacimiento estatal o algún recibo de luz apócrifo que “comprueba” su domicilio en ese lugar.

3) Dado ese desdén, resulta aún más absurdo favorecer a las minorías y al voto duro con este vulgar “otorgamiento” de la decisión electoral. Es decir: las viles maquinarias electorales aunadas a las mentes más débiles del electorado, en caso de que una mayoría anule su voto, serán las encargadas de perpetuar las estructuras de gobierno, sin que a los partidos les importe un pepino. No, hijo mío, no van a admitir ningún problema por el simple hecho de que uno o dos o cinco millones de personas anulen su voto. Ellos se conformarán con el resto de los imbéciles, y prescindirán de “nuestra” opinión “anulatoria” sin ningún tipo de miramiento que no sea el puramente mediático.

4) Los beneficiarios directos de la anulación, para colmo, terminarán siendo los partidos mirruña: Sí, esos mismos que existen -teóricamente- para el único propósito de dividir el voto indeciso y favorecer el duro. ¿Por qué? Porque el conteo final del IFE no toma en cuenta el voto anulado, blanco o no registrado. Esto quiere decir que si el 50% del electorado anula su voto, el 10% que el “Verde” suele alcanzar se convertirá inmediatamente en un 20% tras hacer a un lado el voto nulo. Y esto, mi querido guachispípiris, implica que obtendrán, para el 2012, el 20% del presupuesto electoral público que el IFE otorga de acuerdo a los votos “legítimos” de la elección anterior. Por ende, querido amigo, le estarás regalando al niño Verde (y a Dante Delgado, de Convergencia, y a Elba Esther Gordillo, del PANAL, etc.) el DOBLE de dinero del que le hubieras dado de no haber anulado tu voto a lo GUEY.

5) Me queda claro que la elección del voto está peor que nunca en estos tiempos. Los partidos hegemónicos son, más claramente que nunca, una masa amorfa de ladronzuelos que juegan a odiarse mientras ordeñan el presupuesto, sexenio tras sexenio. Sin embargo, resulta aún más patético pretender que la no-participación sea una participación significativa y contundente a los ojos de estos ladrones. Invitar a participar vía la no-participación puede ser loable en otro país, o en otro contexto, pero aquí es solamente sintomático de la desidia nacional, y -para colmo- contraproducente frente a las causas que supuestamente ello enarbola. Más facilito: Si votas blanco, o votas nulo, pretendiendo que alguien escuchará ese fallo, reduces todo a lo mediático. Sí: Durante unos meses se hablará de ello en tele y radio. Sí: será un escándalo mayor durante unos días. Pero ¿sabes qué? No cambiará nada en lo absoluto. Los partidos “grandes” dejarán de serlo tantito, mientras que los chicos tendrán más lana que dispendiar, y eso será todo. Luego, en 2012, o incluso mucho antes, la elección volverá a ser tema mediático y el reality show electoral se superpondrá al supuesto “debate democrático” que la anulación pretende generar.

Y claro: Ganará el más guapo. O el más adinerado. O el mejor conectado. O todas las anteriores. Sin que nadie haga énfasis en el voto nulo de la elección intermedia, y sin que se repita entonces. ¿Por qué? Porque un gran porcentaje de los anuladores de hoy, se doblará entonces y acabará por tomar partido frente a la imagen del nuevo caudillo que la tele y demás medios se dedicarán a propagar.

Mientras, el niño verde (a quien acabo de ver hace unos meses dándose sus baños de pueblo junto a 5 guaruras en el “borrego viudo”) tendrá un chingo de lana para vacacionar. Y Kawhagi seguirá lambisconeando a la maestra mientras viaja por el mundo. Y el PAN re-enarbolará sus causas católicas. Y el PRI seducirá al país con Peña Nieto y su Gaviota. Y el PRD jugará a que todo eso “es horribleee” (con tono de Eugenio Derbez).

No amigo. El voto nulo no es la opción. La opción es joderse tantito y votar por el ciudadano que mejor (o menos peor) te parezca. Quien quiera que sea, y quitarle el varo (extra) de las manos a esos adalides del oportunismo. Y luego, si se tienen las bolas suficientes, reunirse y participar en la creación de un verdadero partido ciudadano, libre de corruptos de carrera, y empezar a generar el cambio que -de verdad- le hace falta a este rincón olvidado por la justicia, el progreso y la igualdad de derechos y obligaciones.

Oséase:


No me vengas con mamadas

Carta a un amigo votoblanquista

Amiguito:

Me temo que, con toda tu estadística sacada de la manga, no logras argumentar algo congruente. Puedo estar -y estoy- de acuerdo con que los partidos que conforman nuestro panorama político son claramente ineficientes, terriblemente corruptos y absolutamente prescindibles. De eso, a casi ningún votante independiente le queda la menor duda. Sin embargo, en toda tu disertación te olvidas de algo muy importante, y esto es el rehilete de partidos oportunistas que acompañan a las mayorías de PRI, PAN y PRD en el Horripilante Congreso de la Unión.

Pero déjame enumerarte mis retaliaciones, una por una:

1) El voto blanco, de entrada, es carta abierta para que los funcionarios de casilla hagan de él lo que les venga en gana. Así que anular o votar por Mickey Mouse es, de calle, mejor opción.

2) A la estructura de poder que “gobierna” México, le importa un pito la democracia y la representatividad. Prueba de ello es que más del 90% de los diputados uninominales no tiene ningún tipo de vínculo con el distrito que representan, más allá de -cuando se requiere- un acta de nacimiento estatal o algún recibo de luz apócrifo que “comprueba” su domicilio en ese lugar.

3) Dado ese desdén, resulta aún más absurdo favorecer a las minorías y al voto duro con este vulgar “otorgamiento” de la decisión electoral. Es decir: las viles maquinarias electorales aunadas a las mentes más débiles del electorado, en caso de que una mayoría anule su voto, serán las encargadas de perpetuar las estructuras de gobierno, sin que a los partidos les importe un pepino. No, hijo mío, no van a admitir ningún problema por el simple hecho de que uno o dos o cinco millones de personas anulen su voto. Ellos se conformarán con el resto de los imbéciles, y prescindirán de “nuestra” opinión “anulatoria” sin ningún tipo de miramiento que no sea el puramente mediático.

4) Los beneficiarios directos de la anulación, para colmo, terminarán siendo los partidos mirruña: Sí, esos mismos que existen -teóricamente- para el único propósito de dividir el voto indeciso y favorecer el duro. ¿Por qué? Porque el conteo final del IFE no toma en cuenta el voto anulado, blanco o no registrado. Esto quiere decir que si el 50% del electorado anula su voto, el 10% que el “Verde” suele alcanzar se convertirá inmediatamente en un 20% tras hacer a un lado el voto nulo. Y esto, mi querido guachispípiris, implica que obtendrán, para el 2012, el 20% del presupuesto electoral público que el IFE otorga de acuerdo a los votos “legítimos” de la elección anterior. Por ende, querido amigo, le estarás regalando al niño Verde (y a Dante Delgado, de Convergencia, y a Elba Esther Gordillo, del PANAL, etc.) el DOBLE de dinero del que le hubieras dado de no haber anulado tu voto a lo GUEY.

5) Me queda claro que la elección del voto está peor que nunca en estos tiempos. Los partidos hegemónicos son, más claramente que nunca, una masa amorfa de ladronzuelos que juegan a odiarse mientras ordeñan el presupuesto, sexenio tras sexenio. Sin embargo, resulta aún más patético pretender que la no-participación sea una participación significativa y contundente a los ojos de estos ladrones. Invitar a participar vía la no-participación puede ser loable en otro país, o en otro contexto, pero aquí es solamente sintomático de la desidia nacional, y -para colmo- contraproducente frente a las causas que supuestamente ello enarbola. Más facilito: Si votas blanco, o votas nulo, pretendiendo que alguien escuchará ese fallo, reduces todo a lo mediático. Sí: Durante unos meses se hablará de ello en tele y radio. Sí: será un escándalo mayor durante unos días. Pero ¿sabes qué? No cambiará nada en lo absoluto. Los partidos “grandes” dejarán de serlo tantito, mientras que los chicos tendrán más lana que dispendiar, y eso será todo. Luego, en 2012, o incluso mucho antes, la elección volverá a ser tema mediático y el reality show electoral se superpondrá al supuesto “debate democrático” que la anulación pretende generar.

Y claro: Ganará el más guapo. O el más adinerado. O el mejor conectado. O todas las anteriores. Sin que nadie haga énfasis en el voto nulo de la elección intermedia, y sin que se repita entonces. ¿Por qué? Porque un gran porcentaje de los anuladores de hoy, se doblará entonces y acabará por tomar partido frente a la imagen del nuevo caudillo que la tele y demás medios se dedicarán a propagar.

Mientras, el niño verde (a quien acabo de ver hace unos meses dándose sus baños de pueblo junto a 5 guaruras en el “borrego viudo”) tendrá un chingo de lana para vacacionar. Y Kawhagi seguirá lambisconeando a la maestra mientras viaja por el mundo. Y el PAN re-enarbolará sus causas católicas. Y el PRI seducirá al país con Peña Nieto y su Gaviota. Y el PRD jugará a que todo eso “es horribleee” (con tono de Eugenio Derbez).

No amigo. El voto nulo no es la opción. La opción es joderse tantito y votar por el ciudadano que mejor (o menos peor) te parezca. Quien quiera que sea, y quitarle el varo (extra) de las manos a esos adalides del oportunismo. Y luego, si se tienen las bolas suficientes, reunirse y participar en la creación de un verdadero partido ciudadano, libre de corruptos de carrera, y empezar a generar el cambio que -de verdad- le hace falta a este rincón olvidado por la justicia, el progreso y la igualdad de derechos y obligaciones.

Oséase:


No me vengas con mamadas

11/07/2008

Fear and loathing in Las Lomas...

¿Para qué mentir? ¿Qué buena razón sería suficiente como para hacerse pendejo y farolear con cualquier postura? Está de la chingada, sin duda alguna. Aviones cayendo sobre la ciudad. Ministros calcinados que mueren sobre una alfombra de inadvertidos huéspedes del daño colateral. Nada de lo cual congratularse.

Sin embargo, tengo que admitir (y asumir) mi primera sensación. Y es que, honestamente, no me duele una chingada que el niño azul se haya muerto en el dichoso avionazo. Ni tampoco creo en las aventuradísimas y probablemente pendejas barrabasadas que Carlitos Marín escribió en el Milenio del jueves. Sin ser un pejefan, me atrevo a asegurar que Mouriño no era un hombre "honrado", como el señor Marín se atreve a decir. Por el contrario: Me queda clarísimo que fue ese mismo personaje el que orquestó la efectivísima y muy mierdera campaña que llevó a Calderón de los 20 puntos por debajo, al 0.2 por arriba. Bolcheviques malignos desapareciendo televisiones. Inusuales invitados haciéndose de la vista gorda. Todo por el afán de ganar. Pa que el Opus Dei se sintiera contento. Y lo logró.

Los verdaderos mártires de las Lomas de Chapultepec, equiparables al borrachín de Juan Escutia (ese que se empeñan en pintarnos como un prócer de la patria), fueron los muchísimos afligidos de manera colateral. Los torteros, los puesteros, los tamaleros. Los transeuntes, los que no se la esperaban, los verdaderos aturdidos por el avionazo. Por ellos puedo atreverme a sentir tristeza, solidaridad, desazón. Pues no la debían, ni la temían. Simplemente la mierda les cayó del cielo. Y con ellos me solidarizo.

¿Pero sentirme atribulado por Mouriño? ¿Luego de la enormísima ironía que significó que su avión cayese sobre la fuente de PEMEX? Ni madres. No, señor.

Yo no me compro el baratísimo argumento de que Mouriño era un prócer de la patria. ¿Que si de veras él creía que hacía lo mejor para México? Vale madres.

También Díaz Ordaz estaba seguro que matar todos esos estudiantes era garantía de estabilidad futura. Y Echeverría consecutó el argumento en el Junio negro. Y todos los "malos", finalmente, son hijos de puta creyendo que lo son porque son "buenos", en un nivel ulterior. Ni madres.

No siento la más mínima piedad por Juan Camilo Mouriño. Siento piedad por Aura Estrada, en todo caso, que se murió de un tropezón sin haber chingado a nadie. ¿Pena? Pena por los pobres personajes que andaban por ahí, y que recibieron un avión en sus cabezas así como así. ¿Pena? Pena me da el piloto, el copiloto y la azafata. Quizás los funcionarios de segundo nivel. Pero pena por Ivanciño Mouriño, o por el artífice del desafuero (el tal Santiago Vasconcelos) no siento ninguna. Acaso cierta gracia. Una gracia muy malsana, sí, y muy políticamente incorrecta.

¿Cuándo les importó, a esos dos, el significativo grueso poblacional que se sigue muriendo de hambre? ¿Cuántas veces no se burlaron de modo racista y estupidista, de toda la gente que no tiene para comer, y que nunca les importó nada? ¿Llorar? ¿Llorar por ellos? Jamás. Antes lloro frente a mi propia incapacidad para sentir la realidad, que por esos perpetuadores de la ignominia. Antes lloro por los pobres incautos que recibieron ese avión sobre la cabeza, que por los ingrávidos pobladores de sus asientos.

Llámenme mierda, una vez más. Y esta vez, háganlo con ganas. No siento la más mínima pena por Juan Camilo Mouriño, ni por José Luis Santiago Vasconcelos, ni por nadie que no haya sido daño colateral. Y no sólo eso: Me atrevo a sujetarme a la ley del karma para entender todo el asunto. Y que el señor Calderón se la coma como pueda. ¿Qué tal si no hubiese removido al fascista jalisquillo para poner a su gran amiguito como secretario de gobernación? ¿Qué tal si no le hubiese dado hueva ir a San Luis Potosí a inaugurar su gran acuerdo entre panistas?

Todas conjeturas, todas imposibilidades. Lo cierto es que Juan Camilo está muerto, como muertos están muchos que simplemente iban pasando. Esa sí es una tragedia. La otra, no.

A nadie le agrada que se caigan aviones en plena ciudad de México. A nadie le parece "lindo" que se mueran 40 donde tenían que morirse 8. Es lamentable y es triste. Sin duda.

A mí nomás no me vendan el martirismo oportunista. Que no me cuenten que el tal Iván era un "gran mexicano". Prefiero creer que todo fue simulación, y que el muchacho vive en las bahamas cobrando las rentas de PEMEX.

Y si no, y si de veras se murió, pues que sufran los que tengan que sufrir. Muy poco le importaron los desposeídos como para que ahora se le eleve a la calidad de un mártir. No lo es. No lo fue. No lo será.

El fantasma del tata Lázaro le jaló las patas a ese avión. Iván se murió sobre la fuente de PEMEX, luego de vender la patria en versión light. Que nadie llore. Que nadie diga. Hay mucha gente que no tiene salvación, y que no tiene -tampoco- espacio en los medios, como para que este señorcito se equipare a Martin Luther King. La historia es otra. Y hay que verla con humor negro:

Obama ganó, je.



Ya he recibido suficientes cagoteos acerca de mi insensibilidad y estupidez, mismas (ambas) que no puedo si no abrazar y asumir humildemente.

Pero ¿para qué hacerse g

10/16/2008

El tiro por la culata.

Me llegó un correo anoche en el que alguien con muy buenas intenciones afirma que Agustín Carstens, secretario(s) de hacienda mexicano, denunciaba inútilmente a los empresarios que provocaron la caída del dólar. Todo un acto de simulación el del señor Carstens, al puro estilo del "policia bueno, policia malo" junto a los amigos de (Fox) Calderón. Él los regaña indignadísimo y ellos reciben dignamente sus coscorrones mientras, como Rico McPato les enseñó, nadan en la nada despreciable cantidad de 2500 millones de dólares que obtuvieron como utilidad comprando esos dólares baratitos y vendiéndolos posteriormente al precio de lista. Al final, alguno le jugará al burrito castigado y todos contentos.

A todos mis amables y queridos amigos que votaron, en un arranque de pánico clasemierdero, por el chaparrito Felipón, les traigo una carrilla que peca de ternura. Y es que esta nueva crisis tiene una cuota de "jaja, lo sabía" que no tiene parangón. No debería alegrarme, lo sé, porque generará pobreza, hambre y jodienda, pero a veces el orgullo cínico de haber tenido la razón puede más que las consecuencias de sodomización forzosa que dicha razón provoque en uno o en todos los demás. Este es el caso.

Hoy estamos frente a una crisis que, curiosamente, se nos había advertido que llegaría en caso de que el peje hubiera llegado a la silla.

Haciendo un breve recuento, veamos a dónde nos han conducido dos añitos de calderonismo recalcitrante:

a) Devaluación
b) Empresarios que atacan los intereses nacionales
c) Fuga de capitales
d) Pérdida constante de la confianza del inversionista
e) Rupturas constantes con el magisterio (quien se acuesta con Elba, no amanece mojado, nomás no amanece)
f) Caída en el empleo
g) Caída en el poder adquisitivo
h) Inseguridad pública exacerbada
i) Narcopoder en ascenso

Y le paro porque sería muy fácil continuar.

¿En dónde está la estabilidad que buscaban mis queridos neovotantes panistas? No sólo no la hay, sino que además de inestabilidad tenemos un gobierno abiertamente mocho (para todos los que afirmaban que Felipillo era un panista "moderno", alejado del yunque y de la iglesia). Tenemos un secretario de salud que no abastece medicamentos para el SIDA en el IMSS y el ISSSTE. Tenemos un secretario de hacienda que parecen dos (por el tamaño, porque por el cerebro apenas llega a medio). Y tenemos, finalmente, a un escuincle intolerante, incapaz e ignorante de la realidad nacional, despachando desde gobernación y cerrando a diario la colonia Juárez porque en el fondo está cagado de miedo y esperando a que sus amigos de Repsol (la petrolera española que tiene el colmillo puesto en PEMEX y negocios con los Mouriño en Galicia, para los que no la conocen) le de la dentellada final al usufructo de PEMEX (que no a PEMEX, que seguirá siendo "nacional" (sí, por las deudas y los impuestos, nada más).

Y en realidad no sorprende. Muchos estábamos perfectamente al tanto de que este sería el resultado, en caso de perpetuar el modelo neoliberal en México. Polarización más profunda de la riqueza, desaparición del escaso bienestar clasemierdero, y enriquecimiento insultante de la cúpula empresarial. Justamente el camino que lleva México, y que ha copiado del big brother norteamericano.

¿Es en realidad una crisis nacional tanto como una epifanía económica mundial? Es ciertamente una muy desafortunada combinación de ambas. Los propios defensores de la estrategia neoliberal están hoy muy guardaditos en sus refugios construidos con los dólares de la miseria global, y se han guardado la propaganda para otro momento. Ya no abogan (a sueldo) por las bondades del libre mercado y la desregulación del capital. Solamente disfrutan de los réditos del propagandista mientras el mundo se encamina a la hambruna, la desolación económica y eventualmente, a la aniquilación de la especie. ¿En dónde tienen el cerebro estas personas? ¿Es una cuestión de raciocinio tanto como de ética? ¿Alguien tendrá en algún momento los tamaños necesarios para detener la vorágine de la estupidez?

Estos reyes de la procrastinación y del postergamiento permanente de lo inevitable, siguen sirviendo los intereses del dios dinero. El Capital, ese gran Jabba the Hut al que probablemente le rezan en secreto, sigue alimentándose de países y poblaciones enteras, del agua y de los recursos naturales del mundo, de los pocos bosques que quedan en pie y -recientemente- de la tranquilidad comodina y burgesoide de la población norteamericana, que comienza a sentir pasos en la azotea del mundo.

¿Cuál es el punto en generar utilidades? ¿De qué sirve hacer dinero si próximamente no se podrá comprar nada con él? ¿No dijo algún barbón, hace ya muchos años, que la acumulación exacerbada del capital no conducía a ninguna parte y era el signo apocalíptico de una lucha encarnizada de las clases sociales? Marx hoy, más que nunca antes, es el Nostradamus de la era moderna. Desgraciadamente su visión hoy resultaría naive, puesto que los mecanismos de coerción de los gobiernos son mucho más efectivos que las bayonetitas del siglo XIX, y -además- porque no había playstation, internet, televisión o liga futbolera que tuvieran sendo control de los deseos humanos, aplacando las pulsiones y en algunos casos estupidizando el tiempo y a la gente, en general. A todos nosotros.


Pero el dinero no piensa en nosotros. Nosotros en cambio, pensamos en él todo el tiempo. En México y en el resto del mundo. Aquí el problema es también de forma. Pensamos en como "chingárselo" al prójimo. Nuestra visión de hacer dinero suele estar condenada por la "transa" y la sensación de que para que yo sea rico, necesariamente tiene que haber pobres. Y si trabajan para mí, mejor. Y si me quieren, mejor. Y si piensan que soy un buen patrón, mucho mejor. Y si compran mis productos, entonces me llamo Lorenzo Servitje o soy cualquier otro empresario nacional (o internacional) exitoso, afamado y "líder de opinión".

- "Mister Hut, por aquí por favor..."
- "De qué está hablando, señor. ¡Mi nombre es Agustín Carstens!"



Es de ahí de donde proviene mi placer malsano. Ese suspiro/sonrisa irónica de saber que te van a dar por el culo y que no vas a poder evitarlo. Esa certeza de que sabes que el mundo se dirige inevitablemente a la mierda y que ninguna cadena de correos va a permitir que la gente deje de comprar en el súper, deje de comer gansitos o cambie en lo más mínimo sus hábitos de consumo. Y que incluso ese cambio de hábitos no llevaría a ninguna parte mas que a la misma debacle, pues es la propia premisa del capital la que ha encumbrado a la humanidad tanto como la ha hundido.

Los hombres creen que son mejores seres humanos porque en la humanidad hubo un Einstein o incluso un Maradona (háganme el putísimo favor). Creen que el heroísmo de uno nos redime a todos. Creen que porque algunos hombres son mejores, entonces la humanidad tiene sentido, dirección, propósito y esperanza. Cu-cu, dice la alarma: No hay esperanza. O cada vez es menor. O nunca la hubo. ¿Cómo saberlo mientras vemos Chespirito o nos sacamos un moco mientras miles de millones pasan hambre?

La posibilidad de una revolución es cada vez más escasa. Las ideas revolucionarias están al servicio del capital y por tanto viven de él. Mejores televisiones. Mejores celulares. Mejores videojuegos. ¿Y mejores mundos? ¿Mejores hombres? ¿Mejores escuelas? No, gracias.

Mi única y muy tenue esperanza es solamente eso. Una intuición. Intuyo que el resultado de la división en la que pones todos los recursos del mundo arriba y toda la población del mundo abajo sigue siendo positivo y no deleznable. ¿Posible? ¿Plausible? No lo creo. El comunismo fue una tomada de pelo y el socialismo moderno, particularmente el europeo, sigue basándose en el usufructo de regalías provenientes de la conquista o el salavajismo bursatil. No se socializa el bienestar, solamente se reparte lo que se quitó o se quita a otros en lugares donde nadie mira. Por eso en europa "no hay pobres", como todos los que van y vuelven pregonan a diario.

Cuando tenía 10 años soñaba con la revolución y la iconografía comunista. Pensaba que la igualdad era un ideal loable. Mis maestros de escuelas pequeñoburguesas de izquierda me decían lo mismo, y aunque de buena fe, lo cierto es que mentían sin saberlo. Hoy no creo en la igualdad pues reconozco el valor de lo diferente tanto como me gustan las mujeres. Pero sigo, con todo y la sonrisa estúpida de la ironía, aspirando a la equidad. A un mundo con oportunidades similares. En donde los niños puedan ser niños y no vender chicles. Y aunque estoy seguro que no lo voy a ver con mis propios ojos, no quisiera morir con la certeza de que nunca llegará.

Y por el momento, la tengo.

6/01/2008

¿De qué lado masca (tabaco) Ebrard?

Post tomado de aquí


Puro caldo y nada de albóndigas.

En 2006 no tuve ningún reparo en admitir mis preferencias políticas. En primer lugar, porque siempre he sido de izquierda. Y a pesar de que mi particular punto de vista de la política nunca se ha visto representado -o identificado siquiera- con algún político de la izquierda mexicana, para mí siempre ha sido (y será) muy claro que a veces es más importante arrebatarle el poder a algunos que otorgárselo a otros. Y en este sentido, en 2006, para mí era privativo quitarle un cacho de poder a la oligarquía mafiosa que representan juntos el PRI y el PAN, y optar por un proyecto de nación distinto y que bien que mal, en ese momento, estaba más o menos bien formulado por AMLO.

Pero todos sabemos lo que pasó: Además de que AMLO resultó un mal contendiente, ahogado en la soberbia del que cree tener la razón, y de que desperdició así una gran ventaja estadística, también se cuenta el hecho de que hubo una elección sumamente sospechosa y truculenta, cuyas actas están por usarse como combustible para la caldera que calienta las albercas de Los Pinos, gracias a la enésima concertacesión del PRIAN.

CEO de México (y del Distrito Federal)
¿El resultado? Un nuevo y mejorado chairman a la cabeza del país (porque eso son los panistas, "directivos" o "ejecutivos" en oposición a estadistas y políticos), y un extraño ser, habitante de la condesa, y que gobierna la Ciudad de México con una vara que todavía nadie acaba de entender. Es así que mientras el buen Maquiavelipe Calderón y su vicepresidente ejecutivo junior, Ivancito el Facha, siguen mostrando sus enormes habilidades para hacerse de la vista gorda y de la cartera también, el peje es hoy un cadáver político sin muchas posibilidades de resurgir, y todo el moméntum ganado por la izquierda en 2006 se fue al caño.

Para colmo de males, en el combo por el que muchos votamos, nos quedamos sin hamburguesa y nos tocó el puro papafrita. Marcelito, el ubicuo, tiene algunas cualidades respetables: ha sido leal a su padrino político, Camacho Solís, que a su vez ahora le es muy leal a su apoderado político, AMLO, aunque un poco menos cada mes, dado que fue su pobrísima campaña política la que provocó su -nuevamente- fallido intento por acercarse a la presidencia de la república, esta vez desde la izquierda. Sin embargo, por conveniencias coyunturales, Marcelo hoy le sigue siendo leal a la pseudoizquierda que lo llevó a su primer puesto de elección popular, aunque su lealtad no sirva de mucho, puesto que sus maneras y posturas tienen una marca distintiva de su pasado salinista.

Marcelino, garro y vino.
No todo ha sido infame en su administración de la ciudad. Hay avances en seguridad pública y finalmente se han comenzado obras que tenían años en el olvido. Sin embargo, esto no es lo que debe ser prioritario para un gobierno de izquierda, como tampoco los son los túneles para Santa Fe, o las líneas de metrobús en rutas que nadie comprende y cuyas obras son más lentas que la bicicleta que usó Ebrard para ir a la chamba durante dos semanas. Marcelo debería aprender de lo mal que le fue a AMLO cuando trató de congraciarse con la clases media y alta de la ciudad de México. Con todo y que, cada mañana, una horda de panistas descerebrados se trepa al "pinchurriento" segundo piso desde la comodidad de sus colonias sureñas, Marcelito debería saber que mientras lo hacen, muchos de ellos hablan del "apestoso peje" y de su "carnal Marcelo" con la misma saña de siempre, y al mismo tiempo son felices de no tener semáforos en los que los "nacos" les pidan limosnas. Es más: desde allá arriba ni se ven.

Marcelito, por motivos que seguramente hasta él mismo desconoce, ha empujado leyes como la que hoy está de moda en todas las sobremesas: la sacrosanta ley de protección a los no fumadores. Es curiosísimo ver a retrasados mentales como Otto Sirgo o Diego Fernández de Cevallos, que sin pena ni gloria se atreven a vociferar contra la izquierda, como si fuera ésta la que hubiese generado la susodicha ley, y no un grupo de advenedizos pretenciosos que quieren sentirse en el primer mundo a través de una "atmósfera libre de humo". Es curiosísimo porque, finalmente, Otto y el "jefe" Diego demuestran su absoluto desdén por los demás y cómo es que les vale absolutamente madres el resto del mundo, siempre y cuando puedan fumar a placer. Y es curiosísimo también porque estamos en presencia de un increíble y absurdo intercambio de roles, como los que sólo México puede provocar. La izquierda promulgando leyes de derecha, y la derecha abogando por el libre albedrío (frente a aquello que le conviene, claro está).

¿Es o no es absurda (la ley)?
La finalidad, la esencia, el objetivo y el fundamento que sostiene a la leyantitabaco no es del todo descabellado. El Estado, estrictamente hablando, no debe favorecer conductas que pongan en riesgo la salud de muchos, y sin duda debe favorecer (en una visión de derecha) o incluso proveer (en una de izquierda) la salud a sus ciudadanos. Sin embargo, en México se dista mucho de tener un estado así, y ninguna autoridad, federal o local, tiene los recursos humanos, financieros o morales para encargarse de la salud pública. ¿A qué recurren entonces los gobiernos hipócritas? A leyes como la "antitabaco", sumamente publicitadas, mediáticas y, como decimos coloquialmente, totalmente "apantallapendejos".

Existen innumerables problemas en este y en todos los países, con los que los gobiernos prefieren no lidiar. En este país, por ejemplo, el 40% de la población vive en condiciones de pobreza, en ciudades sucias, desaliñadas y repletas de riesgos sanitarios. La industria nacional, escasamente regulada, suelta a la atmósfera mes con mes y año con año toneladas de partículas tóxicas. Las calles, en el DF y en prácticamente todo el país, están repletas de basura, heces humanas y de perro, ratas, cucarachas y un sinfín de hermosas plagas y contaminantes. ¿Por qué no lidiar con estos problemas antes que crear una ley diseñada para sociedades ligeramente más avanzadas que la nuestra? Porque no se tienen ni el dinero ni los tamaños para hacerlo. Porque no es mediáticamente provechoso limpiar las calles o poner en cintura a los industriales y sus fábricas, pero una ley como la antitabaco sí "reviste", sobre todo si la acompañas de unos bellos y ridículos stickers que, con una hojita de trebol al centro, rezan que estás en un lugar "100% libre de humo".

La realidad es que no lo estamos. Y lo molesto es pretender que sí. Pretender que la ley antitabaco realmente tiene un efecto positivo en la salud, mientras la industria, los automóviles no regulados y los de servicio público, siguen ensuciando el aire todos los días. Igual que los mantos acuíferos. Igual que todo lo contaminable.

La prioridad es farolear.
Y es que todo este asunto es una cuestión de prioridades. ¿Es prioridad del estado mexicano o del gobierno del D.F. lidiar con el tema del tabaco antes que, digamos, con la inseguridad o con los otros muchos tipos de contaminación que hay en la ciudad? A mi juicio, no. No hay ninguna estadística verificable que coloque al fumador pasivo como una prioridad de salud pública, y sí, por ejemplo, al cáncer cérvico uterino, al papiloma o a la diabetes. Y sin embargo, Marcelo y sus asambleístas, de un plumazo, dieron dos pasos adelante con la legalización del aborto, y diez atrás, con su remedo de ley antitabaco.

Quizás mi argumento sobre las prioridades no sea suficiente razón para cuestionar la validez de la ley. Quizás debiera acotar que el estado tampoco tiene el derecho de incidir sobre el libre albedrío de las personas, cuando se trata de productos que se comercializan legalmente y que forman parte de la industria establecida. Y es que, bajo la óptica de la ley antitabaco, el estado debería también que se vendieran hamburguesas en sitios públicos, y obligar a todos los restauranteros a vender, exclusivamente, comida macrobiótica u orgánica, dado que los pesticidas también son probados carcinógenos. Del mismo modo, el alcohol debería prohibirse definitivamente, dado que causa miles de accidentes vehiculares al día, y su venta en lugares públicas propicia riñas constantes e incluso crímenes y homicidios voluntarios e involuntarios.

Y entonces, al despertar, estaríamos viviendo en "Un Mundo Feliz". Porque la fantasía totalitaria de Huxley no era, como algunos piensan, un retrato de los peligros del comunismo, sino una profecía acerca de los peligros de engordar al Estado y sus atribuciones. Y aunque creo en un Estado responsable y con obligaciones para con sus ciudadanos, y creo que, en particular, el Estado mexicano le adeuda muchísimo a sus ciudadanos y que, en algunos casos, los gobiernos de pseudoizquierda han resarcido algunas de esas deudas medianamente (privilegios a los ancianos, pensiones, apoyo escolar a las familias de bajos recursos, etcétera), me preocupa sobremanera el rumbo que Marcelo está tomando en los últimos tiempos.

La bacha realidad.
Comprendo, acato y respeto la ley antitabaco porque creo en el derecho que los no-fumadores tienen a -qué irónico- respirar la menor cantidad de humo de tabaco posible. Humo que nosotros, los fumadores, producimos sin afán de dañar a nadie (ni siquiera, irónicamente, a nosotros mismos), pero que por cuestiones ajenas a nuestra voluntad, sí pueden provocar daño en quienes lo inhalan. Y por esa sencilla razón, es que habrá que respetarla. A pesar de ser una ley de primer mundo en un país de quinto. A pesar de estar pésimamente formalizada, tener una reglamentación ambigua y provocar riñas y segregación entre la gente.

Antier se informaba que Marcelo quiere ir contra los "2x1" y "Happy hours" de los bares. Esto no es sólo un atentado contra la libre empresa, sino una muestra más de la hipocresía con la que está llevando su administración. Me entristece, sí, porque luego de 10 años de gobierno perredista en el DF, la ciudad había tenido avances sustanciales en materia social, ambiental e incluso en su infraestructura y mobiliario urbano. Y a partir de 2006, lo único rescatable ha sido la legalización del aborto, mientras que la política social va en retroceso, el transporte público está bajo una terrible presión y ahora, para colmo, la sociedad está siendo segregada por leyes como la antitabaco, sin mencionar los daños a la industria restaurantera, que es uno bastión económico de las zonas turísticas de la ciudad.

Y lo más sorprendente, es el puritanismo. ¿De dónde viene todo este súbito interés por regular la vida nocturna, el consumo de alcohol y tabaco, el sexoservicio, etcétera? ¿Votamos por un gendarme moral o por un gobernante que se comprometía a atacar las deficiencias económicas y la desigualdad social de la ciudad?

"El futuro ya no es como antes"
Mañana saldremos nuevamente a la calle y respiraremos la misma mierda de todos los días. Toneladas de partículas suspendidas y ozono que siguen esparcidos por toda la ciudad, mientras en Ecatepec y otras zonas del área metropolitana los industriales seguirán pagando mordidas para "cumplir" con las normas ecológicas. Quizás por la tarde se nos antoje dar una vuelta por el restaurante donde solemos tomar un café y platicar un rato, y cuando nos paremos a fumar, algún imbécil se moleste porque no estamos lo suficientemente lejos de su mesa, o porque estamos parados en la esquina de su casa, y su paranoia lo invite a llamar una patrulla, como ya atestigué hace unos días. Quizás algún changuito amaestrado se dé sus vueltas por la condesa, pegando sus lindos stickers mustios por todos lados, y la gente -la más pendeja- de verdad crea que vive en un lugar más limpio y mejor porque ya no se puede fumar ni siquiera en el vips. En la noche llegaremos a casa y, si la tele está en un canal funesto, veremos a Otto Sirgo y a sus huestes de televisos deplorar a la izquierda porque ya no pueden fumar ni en sus propios restaurantes, y por eso "estos pinches perredistas no respetan la libertad".

Y así, poco a poquito, mientras nuestro nuevo gendarme de la moral y las buenas costumbres nos impone nuevas reglas y nos mantiene cobrando los mismos sueldos de hambre, Felipillo y su pandilla se preparan, como dije hace ya más de un año, a preparar la venta simulada de PEMEX, "esa terrible y obsoleta empresa" contra la que atenta el EPR, misteriosamente, cuando al gobierno mejor le conviene. Mientras, los medios seguirán debatiéndose entre los tesoros submarinos de nuestro nuevo Salinas, el "Vivir mejor" que tiene un tufo impresionante a "solidaridad" y los patéticos publicistas que el PRD contrata siempre, cuyos spots parecen más infomerciales que recuerdan los viejos anuncios del dentista Jaramillo.

El país de la simulación es cada día más deprimente, y más simulador. Esta república del cinismo parece no tener más parangón para lo absurdo y lo surreal, pero la realidad es necia, y nos prueba equivocados día con día. Detrás de sus escritorios, el gran Gerente de la República, y todos sus empleados exprimen felizmente el erario y lo reparten entre los cuates. Hoy, cuando la moneda está más en el aire que nunca, nuestra "izquierda" sigue con su discurso obsoleto y nacionalista mientras el país sigue a la venta. Y Marcelo, que podría haber tenido la oportunidad y ciertamente tenía el deber de tomar la estafeta que le fue arrebatada a AMLO por su propia ineptitud y por los cachorros del fraude, se dedica a prohibir el cigarrillo, limpiar camellones y fustigar a los borrachos.

¿Cuándo acabará este maniqueísmo de mala calidad en que han convertido la política? Entre el chiquero de la elección perredista, el oscurantismo en los Pinos y los pederastas que siguen gobernando impunes y tragando mole con "el preciso", yo me canso de México cada vez más. Y si lo poco que puede disfrutarse en este país, esa libertad que otorga el tercermundismo y su falta de capacidad coercitiva, comienza a ser desmantelado por una regulación fuera de toda prioridad y proporción, habrá que pensar seriamente ya en la refundación o simplemente en el abandono de este país, que -al paso que va- no tiene gran futuro. O como diría un buen amigo: "el futuro ya no es como antes".

¿De qué lado masca Ebrard?

Puro caldo y nada de albóndigas.
En 2006 no tuve ningún reparo en admitir mis preferencias políticas. En primer lugar, porque siempre he sido de izquierda. Y a pesar de que mi particular punto de vista de la política nunca se ha visto representado -o identificado siquiera- con algún político de la izquierda mexicana, para mí siempre ha sido (y será) muy claro que a veces es más importante arrebatarle el poder a algunos que otorgárselo a otros. Y en este sentido, en 2006, para mí era privativo quitarle un cacho de poder a la oligarquía mafiosa que representan juntos el PRI y el PAN, y optar por un proyecto de nación distinto y que bien que mal, en ese momento, estaba más o menos bien formulado por AMLO.

Pero todos sabemos lo que pasó: Además de que AMLO resultó un mal contendiente, ahogado en la soberbia del que cree tener la razón, y de que desperdició así una gran ventaja estadística, también se cuenta el hecho de que hubo una elección sumamente sospechosa y truculenta, cuyas actas están por usarse como combustible para la caldera que calienta las albercas de Los Pinos, gracias a la enésima concertacesión del PRIAN.

CEO de México (y del Distrito Federal)
¿El resultado? Un nuevo y mejorado chairman a la cabeza del país (porque eso son los panistas, "directivos" o "ejecutivos" en oposición a estadistas y políticos), y un extraño ser, habitante de la condesa, y que gobierna la Ciudad de México con una vara que todavía nadie acaba de entender. Es así que mientras el buen Maquiavelipe Calderón y su vicepresidente ejecutivo junior, Ivancito el Facha, siguen mostrando sus enormes habilidades para hacerse de la vista gorda y de la cartera también, el peje es hoy un cadáver político sin muchas posibilidades de resurgir, y todo el moméntum ganado por la izquierda en 2006 se fue al caño.

Para colmo de males, en el combo por el que muchos votamos, nos quedamos sin hamburguesa y nos tocó el puro papafrita. Marcelito, el ubicuo, tiene algunas cualidades respetables: ha sido leal a su padrino político, Camacho Solís, que a su vez ahora le es muy leal a su apoderado político, AMLO, aunque un poco menos cada mes, dado que fue su pobrísima campaña política la que provocó su -nuevamente- fallido intento por acercarse a la presidencia de la república, esta vez desde la izquierda. Sin embargo, por conveniencias coyunturales, Marcelo hoy le sigue siendo leal a la pseudoizquierda que lo llevó a su primer puesto de elección popular, aunque su lealtad no sirva de mucho, puesto que sus maneras y posturas tienen una marca distintiva de su pasado salinista.

Marcelino, garro y vino.
No todo ha sido infame en su administración de la ciudad. Hay avances en seguridad pública y finalmente se han comenzado obras que tenían años en el olvido. Sin embargo, esto no es lo que debe ser prioritario para un gobierno de izquierda, como tampoco los son los túneles para Santa Fe, o las líneas de metrobús en rutas que nadie comprende y cuyas obras son más lentas que la bicicleta que usó Ebrard para ir a la chamba durante dos semanas. Marcelo debería aprender de lo mal que le fue a AMLO cuando trató de congraciarse con la clases media y alta de la ciudad de México. Con todo y que, cada mañana, una horda de panistas descerebrados se trepa al "pinchurriento" segundo piso desde la comodidad de sus colonias sureñas, Marcelito debería saber que mientras lo hacen, muchos de ellos hablan del "apestoso peje" y de su "carnal Marcelo" con la misma saña de siempre, y al mismo tiempo son felices de no tener semáforos en los que los "nacos" les pidan limosnas. Es más: desde allá arriba ni se ven.

Marcelito, por motivos que seguramente hasta él mismo desconoce, ha empujado leyes como la que hoy está de moda en todas las sobremesas: la sacrosanta ley de protección a los no fumadores. Es curiosísimo ver a retrasados mentales como Otto Sirgo o Diego Fernández de Cevallos, que sin pena ni gloria se atreven a vociferar contra la izquierda, como si fuera ésta la que hubiese generado la susodicha ley, y no un grupo de advenedizos pretenciosos que quieren sentirse en el primer mundo a través de una "atmósfera libre de humo". Es curiosísimo porque, finalmente, Otto y el "jefe" Diego demuestran su absoluto desdén por los demás y cómo es que les vale absolutamente madres el resto del mundo, siempre y cuando puedan fumar a placer. Y es curiosísimo también porque estamos en presencia de un increíble y absurdo intercambio de roles, como los que sólo México puede provocar. La izquierda promulgando leyes de derecha, y la derecha abogando por el libre albedrío (frente a aquello que le conviene, claro está).

¿Es o no es absurda (la ley)?
La finalidad, la esencia, el objetivo y el fundamento que sostiene a la leyantitabaco no es del todo descabellado. El Estado, estrictamente hablando, no debe favorecer conductas que pongan en riesgo la salud de muchos, y sin duda debe favorecer (en una visión de derecha) o incluso proveer (en una de izquierda) la salud a sus ciudadanos. Sin embargo, en México se dista mucho de tener un estado así, y ninguna autoridad, federal o local, tiene los recursos humanos, financieros o morales para encargarse de la salud pública. ¿A qué recurren entonces los gobiernos hipócritas? A leyes como la "antitabaco", sumamente publicitadas, mediáticas y, como decimos coloquialmente, totalmente "apantallapendejos".

Existen innumerables problemas en este y en todos los países, con los que los gobiernos prefieren no lidiar. En este país, por ejemplo, el 40% de la población vive en condiciones de pobreza, en ciudades sucias, desaliñadas y repletas de riesgos sanitarios. La industria nacional, escasamente regulada, suelta a la atmósfera mes con mes y año con año toneladas de partículas tóxicas. Las calles, en el DF y en prácticamente todo el país, están repletas de basura, heces humanas y de perro, ratas, cucarachas y un sinfín de hermosas plagas y contaminantes. ¿Por qué no lidiar con estos problemas antes que crear una ley diseñada para sociedades ligeramente más avanzadas que la nuestra? Porque no se tienen ni el dinero ni los tamaños para hacerlo. Porque no es mediáticamente provechoso limpiar las calles o poner en cintura a los industriales y sus fábricas, pero una ley como la antitabaco sí "reviste", sobre todo si la acompañas de unos bellos y ridículos stickers que, con una hojita de trebol al centro, rezan que estás en un lugar "100% libre de humo".

La realidad es que no lo estamos. Y lo molesto es pretender que sí. Pretender que la ley antitabaco realmente tiene un efecto positivo en la salud, mientras la industria, los automóviles no regulados y los de servicio público, siguen ensuciando el aire todos los días. Igual que los mantos acuíferos. Igual que todo lo contaminable.

La prioridad es farolear.
Y es que todo este asunto es una cuestión de prioridades. ¿Es prioridad del estado mexicano o del gobierno del D.F. lidiar con el tema del tabaco antes que, digamos, con la inseguridad o con los otros muchos tipos de contaminación que hay en la ciudad? A mi juicio, no. No hay ninguna estadística verificable que coloque al fumador pasivo como una prioridad de salud pública, y sí, por ejemplo, al cáncer cérvico uterino, al papiloma o a la diabetes. Y sin embargo, Marcelo y sus asambleístas, de un plumazo, dieron dos pasos adelante con la legalización del aborto, y diez atrás, con su remedo de ley antitabaco.

Quizás mi argumento sobre las prioridades no sea suficiente razón para cuestionar la validez de la ley. Quizás debiera acotar que el estado tampoco tiene el derecho de incidir sobre el libre albedrío de las personas, cuando se trata de productos que se comercializan legalmente y que forman parte de la industria establecida. Y es que, bajo la óptica de la ley antitabaco, el estado debería también que se vendieran hamburguesas en sitios públicos, y obligar a todos los restauranteros a vender, exclusivamente, comida macrobiótica u orgánica, dado que los pesticidas también son probados carcinógenos. Del mismo modo, el alcohol debería prohibirse definitivamente, dado que causa miles de accidentes vehiculares al día, y su venta en lugares públicas propicia riñas constantes e incluso crímenes y homicidios voluntarios e involuntarios.

Y entonces, al despertar, estaríamos viviendo en "Un Mundo Feliz". Porque la fantasía totalitaria de Huxley no era, como algunos piensan, un retrato de los peligros del comunismo, sino una profecía acerca de los peligros de engordar al Estado y sus atribuciones. Y aunque creo en un Estado responsable y con obligaciones para con sus ciudadanos, y creo que, en particular, el Estado mexicano le adeuda muchísimo a sus ciudadanos y que, en algunos casos, los gobiernos de pseudoizquierda han resarcido algunas de esas deudas medianamente (privilegios a los ancianos, pensiones, apoyo escolar a las familias de bajos recursos, etcétera), me preocupa sobremanera el rumbo que Marcelo está tomando en los últimos tiempos.

La bacha realidad.
Comprendo, acato y respeto la ley antitabaco porque creo en el derecho que los no-fumadores tienen a -qué irónico- respirar la menor cantidad de humo de tabaco posible. Humo que nosotros, los fumadores, producimos sin afán de dañar a nadie (ni siquiera, irónicamente, a nosotros mismos), pero que por cuestiones ajenas a nuestra voluntad, sí pueden provocar daño en quienes lo inhalan. Y por esa sencilla razón, es que habrá que respetarla. A pesar de ser una ley de primer mundo en un país de quinto. A pesar de estar pésimamente formalizada, tener una reglamentación ambigua y provocar riñas y segregación entre la gente.

Antier se informaba que Marcelo quiere ir contra los "2x1" y "Happy hours" de los bares. Esto no es sólo un atentado contra la libre empresa, sino una muestra más de la hipocresía con la que está llevando su administración. Me entristece, sí, porque luego de 10 años de gobierno perredista en el DF, la ciudad había tenido avances sustanciales en materia social, ambiental e incluso en su infraestructura y mobiliario urbano. Y a partir de 2006, lo único rescatable ha sido la legalización del aborto, mientras que la política social va en retroceso, el transporte público está bajo una terrible presión y ahora, para colmo, la sociedad está siendo segregada por leyes como la antitabaco, sin mencionar los daños a la industria restaurantera, que es uno bastión económico de las zonas turísticas de la ciudad.

Y lo más sorprendente, es el puritanismo. ¿De dónde viene todo este súbito interés por regular la vida nocturna, el consumo de alcohol y tabaco, el sexoservicio, etcétera? ¿Votamos por un gendarme moral o por un gobernante que se comprometía a atacar las deficiencias económicas y la desigualdad social de la ciudad?

"El futuro ya no es como antes"
Mañana saldremos nuevamente a la calle y respiraremos la misma mierda de todos los días. Toneladas de partículas suspendidas y ozono que siguen esparcidos por toda la ciudad, mientras en Ecatepec y otras zonas del área metropolitana los industriales seguirán pagando mordidas para "cumplir" con las normas ecológicas. Quizás por la tarde se nos antoje dar una vuelta por el restaurante donde solemos tomar un café y platicar un rato, y cuando nos paremos a fumar, algún imbécil se moleste porque no estamos lo suficientemente lejos de su mesa, o porque estamos parados en la esquina de su casa, y su paranoia lo invite a llamar una patrulla, como ya atestigué hace unos días. Quizás algún changuito amaestrado se dé sus vueltas por la condesa, pegando sus lindos stickers mustios por todos lados, y la gente -la más pendeja- de verdad crea que vive en un lugar más limpio y mejor porque ya no se puede fumar ni siquiera en el vips. En la noche llegaremos a casa y, si la tele está en un canal funesto, veremos a Otto Sirgo y a sus huestes de televisos deplorar a la izquierda porque ya no pueden fumar ni en sus propios restaurantes, y por eso "estos pinches perredistas no respetan la libertad".

Y así, poco a poquito, mientras nuestro nuevo gendarme de la moral y las buenas costumbres nos impone nuevas reglas y nos mantiene cobrando los mismos sueldos de hambre, Felipillo y su pandilla se preparan, como dije hace ya más de un año, a preparar la venta simulada de PEMEX, "esa terrible y obsoleta empresa" contra la que atenta el EPR, misteriosamente, cuando al gobierno mejor le conviene. Mientras, los medios seguirán debatiéndose entre los tesoros submarinos de nuestro nuevo Salinas, el "Vivir mejor" que tiene un tufo impresionante a "solidaridad" y los patéticos publicistas que el PRD contrata siempre, cuyos spots parecen más infomerciales que recuerdan los viejos anuncios del dentista Jaramillo.

El país de la simulación es cada día más deprimente, y más simulador. Esta república del cinismo parece no tener más parangón para lo absurdo y lo surreal, pero la realidad es necia, y nos prueba equivocados día con día. Detrás de sus escritorios, el gran Gerente de la República, y todos sus empleados exprimen felizmente el erario y lo reparten entre los cuates. Hoy, cuando la moneda está más en el aire que nunca, nuestra "izquierda" sigue con su discurso obsoleto y nacionalista mientras el país sigue a la venta. Y Marcelo, que podría haber tenido la oportunidad y ciertamente tenía el deber de tomar la estafeta que le fue arrebatada a AMLO por su propia ineptitud y por los cachorros del fraude, se dedica a prohibir el cigarrillo, limpiar camellones y fustigar a los borrachos.

¿Cuándo acabará este maniqueísmo de mala calidad en que han convertido la política? Entre el chiquero de la elección perredista, el oscurantismo en los Pinos y los pederastas que siguen gobernando impunes y tragando mole con "el preciso", yo me canso de México cada vez más. Y si lo poco que puede disfrutarse en este país, esa libertad que otorga el tercermundismo y su falta de capacidad coercitiva, comienza a ser desmantelado por una regulación fuera de toda prioridad y proporción, habrá que pensar seriamente ya en la refundación o simplemente en el abandono de este país, que -al paso que va- no tiene gran futuro. O como diría un buen amigo: "el futuro ya no es como antes".

4/25/2008

El Partido de Extremo Centro (R)

Cansado de tanta tontería, abrumado por la ineficiencia de una izquierda que vive del vituperio y la exaltación caudillista, y asqueado por una derecha que abre camino a nuevas formas de cinismo y descaro jamás antes vistas, he decidido portarme como un hombre y tomar finalmente una postura.
Lejos están los años (que acaso son meses) en los que mi blog era visitado con afable recurrencia dada mi postura electoral del 2006. Y sí: poco a poco, todas aquellas huestes pejelagartinas, a quienes todavía aprecio por el simple hecho de discrepar, acabaron mudándose a rincones mucho más concretos y constantes como "El sendero del peje" o el mismísimo (y chingón) blog de Pedro Miguel.

Y aunque debo confesar que en un primer momento me atrajo la idea de regalarle mis energías al pejelagartismo, sobre todo si consideraba el egoícamente suculento aumento de visitas en mi blog, terminé por cansarme de la esteril argumentación contra nuestra derecha tan torcida, y volví a mis viejos -y herméticos- cantares que afortunadamente a nadie le importan. ¿El resultado? Una sensible baja en las visitas politicosas aunada a ciertos reclamos que me llevaron a abrir este, mi abandonadísimo blog político.

Y es que lo tengo abandonado porque -de entrada- nadie me paga por escribir de política. No soy yo una Katia D'Artigues patrocinada por su novia o novio en turno, ni tampoco un senderista recalcitrante que siente la mínima necesidad de defender salvajemente las pocas cosas que considero indefendibles en este país. Y mientras tanto, acurrucado en mi cómoda apatía, en México sigue pasando lo que ya alguna vez profeticé: Y es que tras largos meses de sutil campaña mediática, finalmente don Felipón el Calderón ha lanzado al ruedo su tan esperada "reforma energética", con los obvios y respectivos espots de por medio, y en la que -espera afanosamente- sus amigos de Repsol habrán de beneficiarse con ese "tesoro escondido debajo del mar".

Ay. amigos. Si no he escrito mis estupideces es precisamente porque me abruma la absolutísima incapacidad del pueblo mexicano para darse cuenta de nada. Y es que eso que los gringos llaman "preaching to the converted" (que quiere decir "predicando para los ya convertidos") no es lo mío. No me interesa sumarme a la denuncia de aquello que llevo esperando desde que Felipón se agenció la presidencia dudosamente. Y no porque no me moleste sobremanera el intragable PAN o sus soldaditos de plomo. Que quede claro: Mouriño, Abascal, Calderón, Fox y Salazar -o lo que es lo mismo- todos los miserables numerarios del Opus Night que gobiernan este país, me caen en la punta de los mismísimos tanates. Les desprecio profundamente y mucho más de lo que jamás podría despreciar al pobre egomaniaco de Andrés Manuel. Pero su juego es tan claro y tan frontal, que entonces prefiero sumergirme en la persecución de mis necesidades en lugar de esperanzarme con la propuesta política de una izquierda despatarrada como la que he apoyado, atestiguado y padecido durante toda mi vida.

Y no es que me crea o me entusiasme la postura burocrática y mierdera de Jesús Ortega o los suyos: Por el contrario. Los voraces chuchos me resultan casi tan repugnantes como los propios panistas. Enfurruñados en su "corrección política" son capaces de apoyar cualquier cosa que les permita seguir cobrando las cuotas clientelares que tan bien los hacen vivir. Zambranito y Ortega, junto a todos sus vástagos, tienen de izquierda lo mismo que yo tengo de acólito eclesiástico. Y para ellos todo es un toma y daca que debe siempre resultar en un control de los aparatos económicos extragubernamentales (léase el ambulantaje de toda la provincia y etcétera) que sencillamente terminan por provocarme ganas de vomitar.

Y bueno: Los medios parecen estar entusiasmadísimos con la más reciente muestra de estupidez y desorganización que el puto PRD le ha regalado a la izquierda mexicana. Ávidos de noticias insulsas, día tras día nos tenemos que chutar las imbecilidades de un esbirro de su propia ignorancia, como es Ricardo Alemán, o de una Katia D'Artigues que escribe un "blog" bien pagadito y acotadito por el periódico que lo hospeda. Y aunque tampoco los culpo, ya que el PRD se ha esmerado por evidenciar su estatus de fragmentación y estupidez, más que nunca, sí que noto un esfuerzo que sobrepasa la natural curiosidad, y que camina en los terrenos del "chayo" más evidente. Y gracias a eso es que Ricardito Alemán, tan carente de argumentos como de sintaxis, puede tragar casi diario en polanquito y sus alrededores, mientras "comprometido" se dedica a desmenuzar tramposamente el cochinero de nuestra estúpida izquierda.

Bajo esa perspectiva tan deprimente es que me escudo y me justifico, vilmente, y entonces me atrevo a explicar el porqué de mi absoluta desidia por escribir de política. ¿Qué chingados importa si un orate desquiciado como yo se pone a opinar sobre cualquier cosa, mientras en este país siguen gobernando los pederastas (Marín), los peores corruptos (Mourinho) y los enteramente imbéciles (Ebrard)? ¿De qué carajos sirve que denuncie lo que me resulta evidente, si todo el mundo se cubre bajo su frazada político-emocional, y desoye lo que para tantos es palabra plena?


Toda esta agonía mediática me ha llevado hasta los límites más insospechados de mis posturas políticas. Hoy me atrevo a decir, sin pudor alguno, que esta "izquierda" mexicana no consigue otra cosa que no sea el provocarme las más agudas náuseas, y que mi propia concepción de "izquierda" se ha visto sumamente abollada desde que Marcelo es su "baluarte" mientras que los "chuchos" insisten en apoderarse del control absoluto.

¿De verdad me interesa apoyar a una institución política tan pusilánime como la perredista? ¿Será que la derecha finalmente ha conseguido lo que siempre persiguen las "derechas" del mundo? ¿Finalmente nuestra izquierda ha quedado inservible y fragmentada como los dioses del pan bimbo siempre han anhelado?


Todo indica que sí. El PRD no existe más, y la izquierda ha vuelto a su posición conceptual en el mundo: ergo, no existe.

La que fuera alguna vez motivación y postura de nuestra extraviada izquierda, léase la igualdad económica y social o la equidad de derechos y obligaciones, hoy no es más que un irrisorio cuadrilátero de lucha libre. Señores: Hemos perdido la batalla hace año y medio, y lo peor es que esa zancadilla electoral ni siquiera tuvo el poder de hacernos mejores o más fuertes.

Con todo y el abrumador avance que pudo cabildear la izquierda en la pasada elección, acercándose con fuerza a ese tercio del electorado que jamás había podido seducir, nuestro poder y nuestra autoridad moral e intelectual están más corroídos que nunca. El que fuera "líder" hoy no es más que una caricatura de sí mismo, con todo y lo que me pesa admitir su debilidad.

Andrés Manuel y la izquierda han sido domesticados por el poder de la televisión, la ignorancia y su propia incapacidad de generar discursos honestos y creíbles. Cuando menos para el grueso de la población. Y eso, queridos y escasos lectores míos, es algo deprimente.


Es así que tras dudarlo un largo tiempo, hoy estoy decidido a inventarme de la nada una postura política nueva. Y sí, como me dicen algunos, podrá decirse de centro pero es evidentemente de "izquierda". Y es que la "izquierda", como yo la concibo, no es la mierda clientelar de los chuchos o los amlos. La izquierda es, y debe de ser, sencillamente, la postura que aboga por el derecho que todos tienen de vivir dignamente. La postura tolerante versus la intolerante. La postura conciliadora versus la que antagoniza nomás porque sí. La postura que pretende hacer sobrevivir los barrios y no los "suburbios". La postura que goza de la cuota humana que nos brinda el tercer mundo, en lugar de pretender erradicarla y convertirnos en autómatas semiproductivos que no son capaces de gozar de su entorno y su cultura.


Por todo esto, hoy me he decidido a fundar el partido político más absurdo que jamás haya visto la luz (o la oscuridad) de nuestro efímero país. Hoy me declaro, si es que hace falta, fundador del honorable Partido del Extremo Centro. O si se prefiere, del Partido del Centro Radical. Todavía no decido un nombre, pero la postura está más clara que nunca:

Para todos los cansados de la estéril disputa entre los corporativos mochos y los descentralizados muchos. Para todos los que creen que decir "naco" es tan insulso como decir "fresa". Para todos los que imaginan un país que no es primermundista por el hecho de no fumar, ni tampoco tercermundista por el hecho de ser pobre. Para todos los que no encuentran cabida en el espectro político de esta bola de oportunistas que sólo están ahí para cobrar los jugosos sueldos. Para todos los que entienden que en la política no hay enemigos, aunque sí adversarios. Para todos los que saben jugar al como si, en lugar de hacer como si jugaran. Para todos los que están hartos de vivir en un México desigual y que obviamente podría no serlo.


Podría seguir y seguir, pero creo que la posición es bastante clara. Los invito a disentir de lo común. Los invito a hacerse parte de un motivo distinto al de pelear por pendejadas. La política no es sólo X o Y. También, de repente, puede haber Z. Y en esa política de tres dimensiones es que yo me planto, tranquilamente, y con todo mi aprecio por la gente que sigue luchando desde el panismo o el pejeísmo, me atrevo a invitar a todos.

No me importa si tengo razón. Me importa el hecho de que los demás me importan.

Y con eso me basta. Al menos hasta la próxima vez.